Crea una identidad más positiva

El mayor desafío para cualquiera que busque lograr un objetivo personal o hacer un cambio a menudo proviene de adentro.

Cada uno de nosotros está dividido entre nuestro verdadero yo, lo que buscamos ser, y un “anti-yo” amenazante que distorsiona nuestro propio sentido de quiénes somos. La mayoría de nosotros podemos entender escuchar la voz de este enemigo interno en un momento u otro.

Ya sea para prescindir de la autocrítica o para construirnos como “especiales”, crea una falsa impresión de quiénes somos realmente. Sin embargo, la mayoría de nosotros no reconocemos hasta qué punto esta “voz” da forma a nuestro sentido de identidad y, por lo tanto, a la forma en que vivimos nuestras vidas.

Desde nuestros inicios, nuestras experiencias comienzan a tejer nuestro sentido de identidad. Hay innumerables cosas que iluminan esta perspectiva. Desde que nacemos aprendemos sobre las relaciones, qué hacer y cómo debemos comportarnos para satisfacer nuestras necesidades y sentirnos seguros.

Aprendemos cómo nos ven nuestros padres y cuidadores, no solo a través de lo que nos dicen, sino a través de sus expresiones y microexpresiones, su tono, su disponibilidad o su ausencia. Somos testigos de cómo nuestros padres se tratan a sí mismos y a los demás, internalizando más de lo que podemos imaginar conscientemente.

Nuestras personalidades emergen no solo al reflejar lo que vemos, sino al reaccionar ante él. Nuestros cerebros están diseñados para recordar las experiencias dolorosas y aterradoras, los traumas pequeños y grandes que nos enseñaron las lecciones de quiénes teníamos que ser para sobrevivir.

Formamos defensas psicológicas en respuesta a nuestro entorno. Estas defensas pueden convertirse en imposiciones sobre nuestro verdadero yo, lo que nos impulsa a tomar medidas y a participar en dinámicas que pueden dañarnos y limitarnos más adelante en la vida.

Todas estas influencias se mezclan, creando un sentido de identidad personal. Venimos al mundo con nuestra propia genética y temperamento únicos, el potencial para desarrollar un sentido independiente de nuestra propia identidad, basado en las cosas que “nos iluminan y dan sentido a nuestras vidas”.

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Nuestras experiencias interpersonales positivas pueden ayudarnos a desarrollar actitudes afectivas hacia nosotros mismos y hacia los demás. Sin embargo, nuestras experiencias negativas forman la base de nuestra “voz interior crítica”. Como un entrenador interno, que nos critica y nos aleja de nuestro yo auténtico, esta voz interior es nuestro verdadero enemigo.

Una y otra vez, a lo largo de nuestras vidas, esa “voz” está ahí para definirnos, decirnos lo que podemos y no podemos hacer, cómo debemos comportarnos. Es el matón no deseado que cree que nos conoce mejor que nadie. Es esa canción que resuena en el fondo de nuestras cabezas que dice: “Eres demasiado necesitado / egoísta / feo / estúpido / terco para tener lo que quieres”. Nos entrena para permanecer fieles a nuestras defensas. “No pidas nada. Cuida de ti mismo primero. Nunca lo dejes demasiado cerca. Asegúrate de que ella no te rechace. Sea autónomo. Actúa como si no te importara. No seas vulnerable. Nunca ceda el control. Eres especial; te mereces algo mejor.”

Es fácil ver cómo esta voz puede influir en gran medida en nuestro comportamiento y la forma en que interactuamos con las personas en nuestras vidas. Las creencias destructivas y las instrucciones erróneas que nos da pueden sesgar nuestras reacciones naturales. Podemos comenzar a actuar de una manera que refleje o compense estas ideas distorsionadas sobre nosotros mismos. Podemos dejar de perseguir a una pareja romántica o entregarnos a inseguridades que nos mantienen en silencio o distantes.

Podemos proyectar nuestras “voces” en los demás, percibiéndolos como una crítica por la forma en que nuestra voz interior nos ataca. Entonces reaccionamos a la defensiva o atacamos destructivamente. En cada uno de estos casos, no somos realmente nosotros mismos. Estamos del lado de nuestro anti-ego y aceptamos una receta para nuestra identidad que ha sido escrita por nuestro pasado, no por la realidad de nuestro presente.

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Recientemente, al hablar con mi padre sobre la voz interior crítica y la identidad, mencionó un elemento importante para resistir continuamente la influencia de nuestro anti-yo, y es cultivar un compañero compasivo en nosotros mismos.

Las personas pueden usar su poder personal y contribuir activamente a su propio crecimiento y desarrollo, convirtiéndose esencialmente en su propio aliado. En este sentido, es muy importante estar consciente del enemigo interno, los pensamientos y actitudes negativas que juegan un papel significativamente destructivo en su vida. ¿Cómo podemos tomar decisiones fundamentales que mejoren y reflejen quiénes somos cuando estamos tan en contra de nosotros mismos? ¿Cómo contrarrestamos el proceso de pensamiento vicioso que parece ser parte de quienes somos?

Una forma es imaginarnos teniendo un verdadero amigo dentro de nosotros: una presencia interna que nos cuenta historias reales sobre nosotros mismos de manera compasiva. Esta presencia amistosa no está ahí para ofrecer una falsa construcción, sino para contrarrestar nuestra crítica interna con el tono amable y empático de un amigo de confianza. Nos anima a ser sociales, externos, saludables, a formular nuestras propias metas y a tomar lentamente las acciones que nos acercan a nuestro verdadero yo. A diferencia de la voz interior crítica, que interrumpe nuestro sentido de paz, este “compañero” nos ayuda a encontrar más paz a través de la práctica de autocompasión.

Dra. Kristin Neff, un investigador senior en este campo escribió sobre tres elementos que componen la autocompasión: bondad hacia uno mismo, atención plena y humanidad común. La bondad personal nos ayuda a detener toda autoevaluación y evaluación y, en cambio, ser curiosos, abiertos y amorosos cuando se trata de cómo nos vemos a nosotros mismos.

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La atención plena nos permite sentarnos con nuestros pensamientos y sentimientos sin sobreidentificarnos ni volvernos inextricablemente vinculados y empantanados por nuestras críticas voces internas. Finalmente, la humanidad común nos enseña que el sufrimiento y los errores son parte del ser humano. No se nos ve como más ni menos, ni lo mejor ni lo peor de todo. Lograr esto nos permite estar más enfocados y ser más objetivos sobre quiénes somos en el mundo y cómo elegimos ser.

Muchos de nosotros somos afortunados de tener este amigo que nos da ese tipo de perspectiva. Conocemos a alguien que nos eleva, que es parte de nuestro equipo, que nos ve desde un punto de vista compasivo y realista. A menudo también ofrecemos esta perspectiva amable a nuestros amigos, pero también debemos cultivar esta actitud hacia nosotros mismos. ¿Cómo sería caminar por la vida con esta presencia en nosotros? ¿En qué se diferenciaría eso del constante parloteo de nuestra distorsionada y crítica voz interior?

Cuanto más elijamos participar y aprovechar la voz de este amigo interior, más fuertes seremos al saber quiénes somos realmente. Incluso cuando ocurren autoataques desagradables, nuestra identidad no se verá amenazada, ya que recordamos que podemos enfrentar nuestros límites con la amabilidad y la paciencia que mostraríamos a alguien que amamos.

Por lo tanto, podemos abordar el proceso de cambio desde una perspectiva completamente nueva, menos coloreada por nuestro pasado y más positiva hacia nuestro futuro.

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